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"Desafiando Montañas: La Odisea de Hato viejo por la Educación"

Actualizado: 11 jun


El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando los primeros rayos de luz se filtraban entre los árboles que bordeaban los caminos de arena y cemento en la vereda Los Espejos, Alli se encuentra la sede educativa Hato Viejo, este remoto lugar, enclavado en una de las montañas que rodea el valle de aburra hace parte  la Institución Educativa Rural La Unión, ubicada de San Félix.


Hace apenas dos años, llegar hasta allí requería un gran esfuerzo. Los caminos angostos y escarpados obligaban a los visitantes a subir a caballo o, en su defecto, a caminar durante horas. Los docentes, en su mayoría residentes de Bello, siguen enfrentando  a diario una odisea para llegar a su lugar de trabajo. Más de una hora de caminata bajo el inclemente sol o la lluvia torrencial, un sacrificio que solo los más comprometidos estaban dispuestos a asumir.


Pero el desafío no terminaba con la llegada de los profesores. Incluso los electrodomésticos, esos enseres cotidianos que en la ciudad apenas requieren un enchufe, aquí se convierten  en una tarea hercúlea. Hombres y mujeres, con la determinación de superhéroes, cargan sobre sus hombros neveras, estufas y lavadoras, sorteando los senderos accidentados en una danza de esfuerzo y habilidad.


Sin embargo, a pesar de las dificultades, había algo que hace que cada sacrificio valga la pena: la vista. Desde lo alto de  la sede educativa Hato viejo, se despliega ante los ojos una panorámica impresionante de toda la zona urbana de Bello. Una vista que, por efímeros momentos, permite olvidar el cansancio y la adversidad, y recordar por qué vale la pena luchar.


En esta remota sede, más de 80 estudiantes encuentran mucho más que educación. Gracias al Programa de Alimentación Escolar (PAE), tienen asegurada su comida diaria. Pero no solo eso, también han encontrado a unos docentes comprometidos, carismáticos, dispuestos a recibirlos con una sonrisa y abrazos que reconfortan el alma. Y no faltan las actividades, ingeniosas y variadas, diseñadas para hacer del aprendizaje una aventura emocionante.


La primera semana de junio, la sede de Hato viejo recibió una visita inesperada pero bienvenida. Clara Sánchez, secretaria de educación, acompañada de funcionarios del PAE y de Infraestructura, emprendieron la travesía a pie para conocer de primera mano las necesidades y desafíos que enfrentaban los estudiantes y docentes de este lugar olvidado por la geografía. Su presencia era un rayo de esperanza, una oportunidad para buscar soluciones y mejorar las condiciones de vida de una comunidad educativa que, a pesar de todo, seguía adelante con valentía y determinación.




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